Guión, Dibujo y Color: Oscar González Loyo
Letra: Susy Romero
Hace mucho, en las primeras ferias de comics a las que asistà se me acercó una persona, ajena a los comics, diciendo que los que nos dedicábamos a este trabajo tenÃamos el “sÃndrome del retrasado mental [sic]” por tratar en nuestras vidas con temas de fantasÃa y ciencia ficción; se decÃa un egresado de la carrera de PsicologÃa de la Universidad Iberoamericana y, según él, estaba estudiando el comportamiento de los asistentes a una feria de este tipo.
Esta persona observaba como iba vestido, como me movÃa y como agarraba el lápiz al dibujar, lo curioso es que interrumpÃa entre nuestras sesiones de autógrafos y no le importaba molestar a los fans que se nos acercaban, esto era bastante molesto ya que, independientemente de que sus simbolismos fueran parte de un estudio, no era el momento adecuado, además de que nadie le pedÃa su opinión. Varias veces me lo topé y lo evité. Pero un dÃa me llevé una sorpresa porque en otro evento asistió vestido como duende de alguna historia de algún videojuego, bastante ridÃculo, por cierto.
Después, ya me acostumbré a ver mucha gente rara que utiliza las convenciones para salir del closet o para calmar ciertas ansiedades internas.
En fin, asà es esto.











Si bien esta sensacional historieta tiene mucha polémica, tiene detalles rescatables. Como el hecho de que los intelectuales (muchas veces intelectualoides), por saber mucho tienden a ofender a la gente. Ser intelectual no es malo, pero hay que ser prudentes para no herir las sensibilidades. Afortundamente también hay intelectuales que hacen suya la prudencia y la humildad.